viernes, 3 de febrero de 2017

Culpable

Como siempre. Aquí parado, con un cigarro en la boca y una mano en el bolsillo. Como siempre. Sólo, completamente sólo, resolviendo puzzles mentales. Aquí perdiendo la cabeza y la paciencia todos los días. Y en está parte debería escribir qué es mi culpa, qué yo construí esto. Pero no, es casi todo culpa tuya. Es culpa de tus ojos y esa mirada teñida de dudas y chispazos de certeza. Es culpa de tus manos, por tomar las mías sin miramientos. Es culpa de tus hombros, qué se estremecian cada vez que los acariciaba. Es culpa de tu lengua, que jugeteaba conmigo en diferentes estados. Culpo a tus pechos, qué parece que siempre buscaran mis manos. Es culpa del poco tiempo que tuvimos, poco pero más intenso qué todo un año de monotonía. Es tú culpa por ser así, diferente, inalcanzable. Es tú culpa y punto, jamás te perdonaré.

Belive

Me cuesta creer(te). ¿Como me dices que me quieres al oído y estás viviendo en otra dimensión? Con personajes ficticios y seguramente en una pequeña casa en la pradera. Tomando té y diciendo que se aman todo el día, pero tras sus ojos no hay nada, sólo vidrios quebrados. Me cuesta creer(me). Te digo que te quiero al oido y pienso todo el día como manipular el destino. Pero vivo en otra dimensión, más ligera que la tuya. Con bastones en ambas manos, el amor en bandeja y matando quimeras todo el día. Que mal presente. Me cuesta creer(lo), estamos tan jodidos pero me da la impresión de qué te va mejor. Espero no te quemes, ni te ahoge el humo.

jueves, 2 de febrero de 2017

Not too drunk to fuck

Era un día de semana, martes o miércoles. Suena el teléfono, una invitación que no podía rechazar. "Tomemonos unas cervezas en mi casa, no hay nadie". Casi pude escuchar el guiño a través del teléfono. Partí a la botilleria cerca de mi casa, compré cervezas, cigarros y me largué. El camino era un poco largo y ,como era verano,  hacia un calor de locos, asi qué decidí abrir una lata en la micro. Me bajé y caminé en dirección a su casa. Cuando llegué la encontré fumando un cigarrillo en el patio delantero, esperándome y escuchando el Dark side of the moon de Pink Floyd. Fue un flechazo. Entramos y conversamos de la vida por horas, escuchamos casi todos nuestros discos favoritos de esa época, nos reímos, cantamos, bebimos y bebimos. Alrededor de las 10 de la noche me dice: "Vayamos a un bar, sigamos bebiendo y escuchando música, luego te doy alojamiento, te puedes quedar en mi sillón". Acepté de inmediato, tengo una debilidad casi ridícula por la cerveza y la música. Esperé a que se cambiara ropa y cuando terminó se veía preciosa, ¿o era la cerveza? No, ella era guapa, demasiado para un perro callejero como yo. Llegamos al bar, una mierda de bar. Oscuro, con algunas mesas rayadas, pero la cerveza era barata y un tipo de cabello largo y pañuelo en la cabeza cantaba canciones de Danzig. Eso era todo lo que necesitaba. Nos sentamos en una mesa cerca del pequeño escenario y seguimos hablando y, de tanto en tanto, le hacíamos el coro al mini Danzig. Nos reímos mucho, había tensión. En un momento aparecieron dos chicos, deben haber tenido como máximo 16 años cada uno, nos preguntaron si se podían sentar con nosotros. Mi chica y yo nos miramos un momento hasta que yo dije, ¡claro! Porqué no. Los chicos se sentaron y pidieron 5 botellas de cerveza, como para devolver la gentileza. Estuvimos hablando un rato hasta que uno de los chicos se confesó a mi querida: "Debes ser una de las chicas amantes del rock mas lindas que he visto". Nos miramos de nuevo y casi como si pensaramos lo mismo, nos besamos acaloradamente frente a esos jovenes expectadores. Ellos quedaron pasmados y un poco avergonzados, diría yo. Pasaron un par de minutos y se disculparon porqué debían retirarse. Nos quedamos con las cervezas y no hablamos de nuestro beso ni nada, solo bebimos. Eran aproximadamente las 3 o 4 de la mañana cuando nos quedamos solos en el bar, yo ya me sentia pésimo. En un momento fui al baño y no pude evitar vomitar enfrente de dos funcionarios del bar que se metían coca alegremente. Me miraron raro y me ofrecieron, pero yo ya estaba listo. Para mi suerte, mi acompañante me indicó qué quería irse, así que iniciamos el trayecto de vuelta entre tropezones y zig-zageos. Una vez qué llegamos a su hogar, me advirtió que dentro se encontraban su mamá y su hermana, por lo que tenia que ser muy sigiloso. Como siempre, no lo logré. A la entrada patie algo que habia en el suelo, no recuerdo si un vidrio o un gato, estaba oscuro. Su madre pregunto desde su habitacion quien andaba ahí. Ella, de un movimiento, me tapó la boca y respondió: "soy yo mamá, me voy a la cama" y me hizo subir lentamente hasta su alcoba. "Adiós señor sillón" pensé maliciosamente mientras subía. Una vez arriba, preparó algo para comer y nos reimos en su cama. Lo qué viene después no es apto para los niños que puedan estar leyendo esto a ésta hora. Sólo diré qué despertamos y la cama estaba casi en el suelo. Me sobresalte cuando unos fuertes golpes en la puerta alertaron a mi conquista de una noche quién, de un salto, se paro a poner la cerradura. En ese movimiento dejó al descubierto toda su anatomía qué miré de reojo con ese instinto asesino qué llevamos en el corazón. Era su madre y le indicaba que debía levantarse porqué tenía un compromiso. "¡Ya, me levanto en un momento!". Su madre se fue al trabajo. Nos quedamos mirando un momento y nos reímos. Luego nos besamos. Después de un rato ella se levantó y se fue a la ducha. Yo me quedé buscando mi ropa lentamente, todo daba vueltas. Cuando logre estar más menos presentable, bajé y preparé café. Desayunamos juntos, se veía radiante en la mañana. Al cabo de un rato, me dispuse a emprender la vuelta a mi hogar, cuando ella me dijo que nos volvieramos a ver lo dudé un poco y gracias a eso me gané una cachetada. Eso si qué era nuevo para mi. Sonreí. Le di un beso en la mejilla y partí. Iba de negro, con una chaqueta de cuero colgada del hombro y una resaca de alcohol y amor. Había un sol traicionero, por suerte llevaba mis gafas oscuras.

I wanna be your dog.

Creo que ahora, cuando somos fantasmas, afloran mis sentimientos y perversiones sadomasoquistas. Porque,  ante la ausencia obligatoria u opcional, más te pienso. Ante los problemas y dramas que te golpean en la cara una y otra vez, más quiero amarrarte a mi lado. También porqué cuando estás atada a tú cama y me hablas desde lejos, siento la urgente necesidad de darme latigazos hasta sudar sangre. O cuándo te dispones a lavar tus heridas en la ducha, siento las ganas de ir en persona a lamertelas. Porqué la vida es dura pero hay cosas más duras y dientes más apretados. A veces creo qué todos necesitamos un par de golpes en la cara, rasguños en la espaldas, mordiscos en el cuello y labios sangrando. Hay sabores distintivos. Necesito verte desde otro ángulo, más horizontal qué la última vez, más despojados que la última vez, más abandonados qué la última vez y con las manos menos atadas. Al menos sé que harías muy bien el papel de sumisa, porqué haces todo lo que te ordenan al pié de la letra. Faltan collares, sobran cadenas.

miércoles, 1 de febrero de 2017

¡La violencia nuestra arma!

Difícil. Recuerdo una vez, cuando niño, junto a un grupo nos pusimos a pelear. Fue una buena pelea con palos y todo, siempre he tenido un buen grupo de peleadores, suerte para mi qué no soy Mike Tyson. Luego vino la parte en la que se pierde el miedo, mirando frente a frente a los futuros dueños de los moretones. Que mierda, a veces fueron los propios amigos los qué mandaban bates y cadenas por la cabeza. Y ahí se perdió el miedo. Una vez, recuerdo haber sido apuntado con armas de fuego, más de una vez en realidad, y no había miedo. Nos vamos familiarizando con esas situaciones límites. Una vez, fuimos los que apuntamos también, no lo olvido. El alcohol juega en contra siempre, sobre todo cuando uno vive en un contexto basado en la violencia. Recuerdo ver cuadrillas de pseudo skinheads cuenteados, raperos de pura ropa, punks de postal, metaleros llorones y gente que le gusta aparentar rudeza. Me daba risa. ¿Me tocó recibir? Claro qué si, llevo las cicatrizes porqué en el fondo creo qué disfrutaba un poco la sensación de ser golpeado y no defenderme, había algo qué me gustaba de éso, como el dolor que se siente al tatuarse. Pero también me gustaba la venganza, eso es impagable para un corazón rencoroso como el mío. Creo que todo sé debe al exceso de Naranja mecánica y Stand by me, ah y una pizca de poca importancia por la integridad física. Ay, que buenos tiempos violentos.

No one knows

¿Y qué? Si las cosas pasan, la tristeza pasa, la alegría pasa, el miedo pasa y el tiempo pasa. Todo pasa. Pero,¿ como estamos para enfrentar la tristeza? ¡Pésimo! Parece qué la depresión los persigue a todos y, según mi percepción, me viene persiguiendo y tomando de la camiseta. En cualquier momento cometerá penal. ¿Cómo estamos para los momentos alegres? ¡Fatal! Nunca los aprovechamos, principalmente porqué estamos tan felices que no nos damos cuenta de qué vamos flotando.¿ Y que tal el miedo? ¡Horriblemente! Hablando de manera personal, evito los dramas, los qué quiero evitar. El resto se puede joder lenta y dolorosamente. Hay miedo, tanto como hay valentía. Y el tiempo? ¡Un asco! Quiero poder cambiarlo, manejarlo, jugar con él. Pero nada, el tiempo es lineal y es todo. Podemos recorrer otra vez nuestros caminos mentalmente, pero ni la gente ni los espacios físicos  existen. Estoy frito, tú estas frita, él esta frito, nosotros estamos fritos, ellos están fritos, vosotros estáis fritirijillos.

martes, 31 de enero de 2017

Not a Disney tale

Había una vez, una princesa que vivía en un pequeño castillo rodeado de asfalto y bares. Está chica habia intentado huir de sus padres toda la vida, decía que ellos la controlaban y no tenía ganas de una vida tan estructurada. Con el paso del tiempo y, despues de haber probado suerte en una larga lista de lugares, llegó a un castillo en el cual habian muchas cosas defectuosas, pero parecia cálido y podria vivir con un poco más de libertad. El pequeño castillo era habitado por un príncipe del cual la princesa creyó enamorarse y con el qué fue feliz muchos años. Un día, sin previo aviso, le comenzaron a crecer enormes alas parecidas a las de un murciélago, alas enormes como cometas hechas de bolsas de basura que se extendían lentamente y de manera viscosa, pero a la princesa no le importó y fue feliz por muchos tiempo más. Luego notó qué el principe tenía nueva dentadura, unos grandes dientes similares a los de un león pero, de nuevo, no le importó. La princesa estaba dispuesta a conseguir su felicidad a cualquier costo. Hasta qué un día en la cama, mientras hacian el amor en la alcoba real y, la princesa, se aferraba a su espalda, sé dio cuenta que su piel era escamosa como un pez gigante, como lagarto. Sólo en ese momento se percató de qué el príncipe, dueño de sus movimientos y sus pensamientos, era en realidad un dragón. Un dragón que la controlaba sin darse cuenta y qué, dentro de su vida, estaba en la misma situación de la que habia escapado en su antiguo castillo. El dragón le ordenaba cosas, le gritaba y no la dejaba salir ni ver a nadie, el mismo dragón que ella alimentaba y cuidaba. La princesa, entonces, fue prisionera en aquél lugar que ella consideraba su lugar de escape o de reinvención. Un día, sin previo aviso, los subditos, quiénes sentían un gran aprecio por la princesa, fueron al castillo y elaboraron planes para rescatarla. El herrero, por ejemplo, dijo que haría espadas gigantes para atravezar el corazón del dragón, pero en cuanto tuvo las espadas, el dragón respiró fuego tan fuerte que fundió las espadas y el craneo del herrero en un solo suspiro. El cortesano encargado de los caballos dijo que conseguiría el caballo más veloz del Reino para qué la hermosa princesa pudiera arrancar, lamentablemente el dragón se dio cuenta antes y, de un sólo bocado, se tragó al caballo y a su dueño. El panorama era desolador. Sin embargo, un día llegó el bufón de la corte. Era un tipo extraño, con un humor bastante torcido como para ser considerado gracioso. El bufón dijo: "tranquilos coterraneos, distraeré al dragón con mi guitarra, chistes y canciones. Ustedes lleven a la princesa a un lugar seguro mientras el dragón esté riendo y bebiendo". Listo, el plan estaba hecho. Llego el día en qué el dragón y la princesa, quienes no eran reyes porqué aún no se casaban, llamaron al bufón para entretenerse. El bufón llegó con su guitarra, contó un par de chistes y todos rieron de buena gana. El plan iba a la perfección. Sin embargo, no contaban con lo que sucedió a continuación. En el momento en qué el humilde bufón cantó con su guitarra canciones qué emocionaron a todos y recitó poemas llenos de sentimiento, la princesa no pudo hacer otra cosa que enamorarse perdidamente de aquel pobre diablo. Fue casi instantáneo. El bufón también, al mirarla a los ojos y notar su hermosa cara sonrojada, cayó rendido en sus encantos y se enamoró de la princesa. Las miradas hablaron por si solas, un diálogo mental en el cual tejieron su amor en cosa de segundos, ninca habian sentido algo así. El plan había fallado para ambos. Sin embargo, el bufón deseaba que la princesa fuera libre, aunque esto significara no volver a verla. Les hizo una seña a los demás subditos para que la sacarán de ahí mientras el dragón dormia una siesta. La princesa lo dudó demasiado tiempo y el dragón despertó. Todo se había ido a la cresta. El bufón le preguntó tranquilamente a la princesa porqué no había querido huir. La princesa le respondió, beso de por medio, qué ya había construido una vida alrededor del dragón y qué, a pesar de amar al bufón, no podrían ser felices nunca, ya que el dragón los buscaría toda la eternidad hasta encontrarlos. El bufón se fue triste a su casa de madera, pensando como hacerlo para rescatar a la encantadora princesa qué disfrutó de sus inocentes poemas. La cosa era fácil, sólo debía esperar a que el dragón se durmiera y ella debía salir corriendo al encuentro del ridículo bufón. Pero cuando estaban intentando escapar, el dragón se dio cuenta de todo y los increpó a ambos. La princesa asustada por la vida del bufón, aceptó quedarse con el dragón por toda la eternidad a cambio de qué dejara vivir al humilde poeta. El dragón aceptó, no sin antes quemar la casa del bufón para que no tuviera cabida en el Reino. Pasaron los dias y el bufón trató de costruir su hogar, era difícil y no sabía si quería seguir viviendo ahí. Todo le recordaba a su amada princesa. Lo único qué lo ató a ese lugar es que muy de vez en cuando, la princesa le enviaba un pajarillo rojo con una carta, diciendo que estába bien y que el también debería estarlo, qué la resignación es parte de la vida y que todo iba a estar bien. El bufón nunca se fue y la princesa nunca dejó al dragón. Pero una cosa es segura, el corazón del bufón latía cien veces mas rápido cuando veia qué se acercaba aquél encantador pajaro rojo, aunque fuera en sus sueños. Le escribió sus mejores poemas y canciones, sin la certeza de que los leyera o escuchara. No vivieron felices para siempre. Fin.